La plataforma social Twitter, junto con otras redes sociales mayoritarias, como Facebook o Tuenti, ha revolucionado el mundo de la comunicación en los últimos dos o tres años. Hemos pasado de tener una parcela de nuestra persona para nosotros mismos a querer compartir absolutamente todas esas vivencias con nuestros "amigos" virtuales o con nuestros followers. Ciertamente, esta transformación ha producido una masificación del uso de estos servicios, la cual produce la necesidad de estar conectado (enganchado sería la palabra adecuada) a la plataforma para "ser alguien más o menos notable" en el grupo de los más cercanos e incluso más allá. De esta globalización de las redes sociales ha surgido la expresión "Tuiteo, luego existo", que ha nacido para emular a la muy famosa frase del filósofo francés René Descarteshallada en su Discurso del método (1637):
"Pienso, luego existo"
Gracias a la introducción de esta nueva norma filosófica, el mayor exponente de la oración compuesta con subordinación adverbial concesiva ha sido "sustituido" por otra oración mucho más moderna y que indica la situación en la que nos encontramos actualmente en el mundo de la comunicación. Y es que, por suerte o por desgracia, Twitter se está convirtiendo en el oxígeno de la información y las relaciones, y nuestros tweets, en el respirar de cada uno, en el beber de la información, en el catalejo que nos dice desde si nuestro amigo va a salir con su novia al parque hasta si hoy Florentino Pérez ha desayunado tres magdalenas con un cortado en vez de con un capuccino porque tenía menos hambre. Desde luego, lo que sí que está claro es que, por lo menos, siempre quedarán las relaciones personales, que espero no logren sustituir. Porque ya, si encuentran una forma más sofisticada que el hangout de Google+ o el WhatsApp para comunicarnos de manera que no nos demos ni cuenta de que estamos hablando a distancia, señoras y señores, apaga y vámonos. FUENTES: Pienso, luego existo-Wikipedia René Descartes-Wikipedia Tuiteo, luego existo
El Festival musical más esperado dentro de la zona europea tuvo lugar entre los días 14 y 18 de mayo en la ciudad sueca de Malmö. En aquel lugar se reunieron los representantes de los 39 países participantes en esta edición, de los cuales sólo 26 pasaron a la final celebrada el sábado 18 de este mismo mes.
En esta edición, España participó representada por la banda El Sueño de Morfeo, que interpretó la canción "Contigo hasta el final". No fue una mala interpretación salvo por su comienzo, en el que hasta la propia cantante reconoció, en declaraciones posteriores a la noche de la final, que "los nervios le habían jugado una mala pasada"; sin embargo, la posición de España en el ranking final de la noche fue un desagradecido penúltimo puesto con una puntación de 8 puntos, solamente por encima de Irlanda, que se despidió de Suecia en vigesimosexta posición tras acumular tan sólo 3 puntos.
En cambio, Dinamarca se levó el gato al agua tras recibir 281 puntos con su canción "Only teardrops" de Emmelie de Forest, seguida de Azerbaiyán y de Ucrania con 234 y 214 puntos respectivamente.
La gala estuvo dirigida por la presentadora Petra Mede, y el ambiente vivido en el Malmö Arena fue espectacular: el público seguía muy de cerca a los cantantes vitoreándoles y aplaudiendo sus actuaciones y la ambientación estaba muy conseguida, sobre todo en lo referente a la luz, donde destacaron las lámparas colgantes y móviles que dieron mucho juego a los artistas.
Sin embargo, el punto donde la perfección de este concurso se rompe y donde entramos ya en un terreno mediático y conquistado por los medios de comunicación y las amistades entre países es el momento de las votaciones. Antaño se hacían mediante la votación de un jurado musical de cada nación que decidía hacia qué territorio viajaban sus puntos, pero ahora el proceso ha variado: los espectadores son quienes, utilizando la telefonía y pagando un elevadísimo coste por ello, distribuyen los puntos que otorga su país al resto de los participantes.
En mi opinión es el punto a mejorar, ese punto que hace que esta competición musical pierda su gracia: se puede prever con antelación quienes son los favoritos ya que quienes tienen más inmigración repartida por el mundo o los países con mayor simpatía hacia ellos fuera de sus fronteras son quienes se llevan la palma a la hora del recuento de votos.
También otro aspecto a tener en cuenta para modificarse en futuras ediciones es la presencia del Big Five: es el conjunto de los cinco países que más aportan a la UER (Unión Europea de Radiodifusión, es la organizadora de Eurovisión), los cuales tienen el pase asegurado a la gran final. Estos países son Alemania, Italia, España, Reino Unido y Francia. La existencia de este conjunto provoca tensiones entre los países debido a un privilegio del que, desde su punto de vista, no deberían gozar.
Por ello, Eurovisión se ha convertido en un concurso mediatizado y con intervención indirecta de la política y del trajín que se llevan los miembros de la UER entre ellos. Esto no hace más que enturbiar el espectáculo. Y no debería ser así. Si hay que dar al César lo que es del César, a la política lo que es de la política. Es de sentido común, o al menos debería serlo. Claro, que si empezamos por que el sentido común es el menos común de los sentidos... pero eso es ya otra cuestión.
La Iglesia Católica, desde el 13 de marzo, tiene nuevo Papa tras la renuncia de Benedicto XVI. El nuevo Sumo Pontífice es el cardenal Jorge Mario Bergoglio, jesuita y argentino natural de Buenos Aires, cuyo nombre público, escogido por él para su pontificado, es Francisco, en homenaje a San Francisco de Asís.
Jorge Mario Bergoglio, Papa Francisco
Esta elección se produce tras las votaciones que se produjeron entre el 12 y el 13 de marzo, días en los que se desarrolló el Cónclave para la selección de un nuevo Pastor de la Iglesia Romana. El nuevo Papa salió elegido en la segunda votación de la tarde del miércoles -la que sería la cuarta del día y quinta de la asamblea- después de dos fumatas negras.
La reunión "bajo llave" de este año ha venido acompañada de un seguimiento por parte de los medios de comunicación y de la sociedad en general mucho mayor que en otras ocasiones -quizá por el asunto de las nuevas tecnologías e Internet-, batiéndose el récord de periodistas acreditados en el Vaticano, con la asombrosa cifra de 5085 reporteros.
Con tanto periodista, no podía faltar la opinión sobre el nuevo obispo de Roma. El argentino ha sido relacionado por las malas lenguas con escándalos en la dictadura de su país, cosa que ha sido desmentida por él mismo y por la Iglesia.
El Papa Francisco dando la bendición Urbi et Orbi desde el balcón de la Basílica de San Pedro
A pesar de todo, el Papa Francisco, quien es ya el primer Papa latinoamericano y también el primero jesuita tras la fumata blanca del día 13, llega al Trono de San Pedro como un hombre sencillo, dialogante, humilde y cercano al pueblo. De hecho, en su primera aparición pública desde el balcón de la Basílica de San Pedro, vistió completamente de blanco y con una cruz que le colgaba: una vestimenta mucho más austera que la de sus predecesores, que portaron bastantes más ornamentos. El Romano Pontífice también pidió a los fieles su apoyo y finalmente hizo un llamamiento a la paz y a la fraternidad antes de dar su primera bendición Urbi et Orbi desde la Ciudad del Vaticano.
Así pues, el pasado miércoles fue un día de júbilo para los católicos, quienes al fin pudimos decir: Habemus Papam. Desde aquí, le deseo lo mejor al nuevo Papa Francisco, y espero que sea un gran pontífice que pueda gobernar la Iglesia Católica desde los ideales de la sencillez y la fraternidad.
«Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?»
Gabriel García Márquez, en una entrevista concedida al diario La jornada, diario de México, nos habla sobre la naturaleza ortográfica del castellano. En este fragmento del artículo del rotativo, el escritor colombiano, Premio Nobel de Literatura en 1982, propone una visión de la ortografía mucho más simple de la actual, en la que no habría cabida a diferenciaciones gráficas en la escritura. El autor alega que la diferencia entre leer *voton y botón no altera el significado que otorgamos a la palabra en un texto. A mi entender, su deseo es aplicar cambios en la lengua que permitan una comunicación igual de fluida pero mucho menos costosa. Mi opinión al respecto es muy diferente. A pesar de que el lenguaje realice su función correctamente, una modificación de tal índole no proporcionaría ventajas claras respecto a su uso. De hecho, lo más fácil es que un cambio así provoque confusiones varias, como la que sucedería en las palabras vaca y baca, o en parejas de palabras en las cuales una de ellas necesite llevar una tilde diacrítica. Además, acabaría con la belleza de la lengua, que perdería su encanto puesto que sólo tendría una función comunicativa, dejándose por el camino el sentido artístico. Es cierto que en ocasiones nos sale abreviar las palabras (por ejemplo, en los chats a través de Internet), pero sólo en esas ocasiones en las que la comunicación escrita sea tan instantánea como una conversación es en las que la reforma que propone el señor García Márquez tiene sentido, ya que se puede complementar el sentido de las palabras al momento. En resumen, se trata de una simplificación de la ortografía que solamente encontraría sentido en el ámbito de la conversación.